Sin embargo, junto a los indudables aspectos positivos del proyecto, vuelve a repetirse una constante ya conocida en el municipio: la ausencia de un proceso previo de diálogo y participación ciudadana en la definición de una actuación que afecta a uno de los espacios públicos más utilizados y simbólicos de Torrecampo. El mismo escenario que hemos vivido en las últimas décadas en Torrecampo con la construcción de la Casa de la Cultura y su limitado salón de actos y las dos obras llevadas a cabo en el Paseo de Gracia.
El proyecto parte de un diagnóstico técnico difícilmente cuestionable. En la actualidad, la plaza y la calle Plaza de Jesús presentan acerados estrechos, a distinto nivel que la calzada y en un estado de deterioro avanzado, incumpliendo la normativa vigente en materia de accesibilidad. El pavimento existente —baldosa de terrazo en las aceras y adoquines de granito en la calzada— muestra roturas y deformaciones que comprometen la seguridad del tránsito peatonal.
La zona central de la plaza está ocupada por una pequeña área verde con una fuente ornamental de piedra, muy deteriorada, de escaso valor artístico y prácticamente inaccesible, que no invita al uso ni al disfrute vecinal. A ello se suma la utilización improvisada del espacio como explanada polivalente, con presencia ocasional de vehículos estacionados incluso sobre áreas peatonales.
Otro de los puntos fuertes del proyecto es la renovación integral de las redes de saneamiento y abastecimiento, actualmente formadas por conducciones antiguas de hormigón y fibrocemento, con diámetros insuficientes y frecuentes averías. La sustitución por nuevas tuberías de polipropileno y polietileno de alta densidad, junto con la ejecución de nuevos pozos de registro y acometidas domiciliarias, permitirá modernizar unos servicios básicos que llevaban años reclamando una actuación de fondo.
El proyecto plantea una nueva configuración urbana que prioriza el uso peatonal, reorganizando la confluencia de las calles San Antonio, Santiago, del Mudo y Plaza de Jesús, e integrando esta última hasta la Plaza de la Iglesia. Se apuesta por itinerarios accesibles, pavimentos continuos y una circulación rodada claramente subordinada.
No obstante, llama poderosamente la atención que, pese a la magnitud de la intervención y a la centralidad del espacio, no se haya contemplado la adaptación de la plaza como espacio escénico para la celebración de conciertos, representaciones teatrales u otros eventos culturales al aire libre. En un municipio donde la vida cultural depende en gran medida de espacios públicos multifuncionales, esta carencia supone una oportunidad claramente desaprovechada.
Detalle de la ordenación peatonal y tráfico rodado.
La nueva plaza ganará en estética, accesibilidad y ordenación, pero seguirá careciendo de una infraestructura mínima que permita convertirla en un verdadero foro cultural.
Desde el punto de vista constructivo, el proyecto apuesta por materiales nobles y duraderos, como adoquines de granito y cuarcita en la calzada, losas de granito en acerados y pavimentos prefabricados antideslizantes en el interior de la plaza. Se incorporan pasos de peatones accesibles, pavimento táctil y bordillos adaptados.
La actuación incluye además una renovación del paisaje urbano, con parterres, alcorques y nuevas plantaciones de especies mediterráneas y árboles de sombra, así como la mejora del alumbrado mediante la reutilización de farolas existentes y la instalación de balizas luminosas de diseño contemporáneo.
El mobiliario urbano —bancos, asientos móviles, jardineras, bolardos y papeleras— está pensado para fomentar la estancia y el uso cotidiano del espacio.
La remodelación de la Plaza de Jesús es una oportunidad para mejorar de manera significativa el corazón urbano de Torrecampo, revalorizar su entorno patrimonial y dotarlo de mayor calidad urbana. Pero también debería haber sido una oportunidad para ensayar nuevas formas de gobernanza local, basadas en la escucha activa y la implicación de la ciudadanía en decisiones que afectan a su vida cotidiana.
Aún en fase de alegaciones, el proyecto abre una última ventana para el debate. Porque las plazas no son solo pavimentos, árboles y bancos: son, sobre todo, escenarios de convivencia, y su diseño debería construirse no solo desde los despachos, sino también desde la voz de quienes las viven cada día.